Cristóbal Pérez Alfaro el dirigente obrero que unificó el movimiento popular y el escuadrón 3-16 le quitó la vida en los 80´s

Cristóbal Pérez Alfaro fue un dirigente sindical, miembro del Partido Comunista de Honduras asesinado en mayo de 1986 por un comando del escuadrón 3-16.

Cristóbal Pérez Alfaro fue asesinado mientras estacionaba su automóvil un Volkswagen al frente de su casa en la Colonia los Castaños, en la ciudad de San Pedro Sula, Honduras. Sicarios experimentados de los escuadrones de la muerte, se encontraban al frente de su casa esperando la llegada del destacado dirigente sindical.

Cristóbal Pérez, nació en Petoa, Santa Bárbara, desde su infancia se trasladó a la ciudad de San Pedro Sula, acompañado de su madre y sus hermanos, ciudad donde haría sus estudios primarios. Cristóbal Pérez, desde muy temprana edad se convirtió en un Dirigente sindical, mientras laboraba en la Empresa Envases Industriales Hondureños S.A.

Fue en este espacio donde desarrolló relaciones estrechas con el Partido Comunista de Honduras en las filas del sindicato STEISA. Santiago Alejandro Reyes escribió que Cristóbal Pérez Alfaro es uno de esos dirigentes revolucionarios que nacen cada 100 años, porque su capacidad, de liderazgo era única, tanto en la conducción y asesoramiento, como en la búsqueda de la unidad de las diferentes centrales obreras, estudiantes, campesinos, magisterio, y en todos el movimiento popular hondureño.

La formación de Cristóbal comoa cuadro político del Partido Comunista estuvo a cargo de Herminio Deras, esté último fue quién estuvo al frente en la formación ideológica revolucionaria de Cristóbal y sus compañeros.

En los primeros años de la década los 80´s, formó parte del FPR—LZ con el seudónimo de compañero Pablo. Cristóbal fue motor importante en la época fundacional de la federación unitaria de trabajadores de Honduras (FUTH).

Cristóbal cómo muchos otros dirigentes comunistas fue vilipendiado en su lucha por la transformación, en la búsqueda de una nueva sociedad, sufrió amargos reveses, pero su moral revolucionaria y sus convicciones comunistas, no hicieron mella para que se rindiera.

Su firmeza en sus ideales y su tarea de unificar el movimiento obrero fue la gota qué le dolió a sus enemigos. El primero de mayo de 1986, unió al magisterio, las tres centrales obreras y a todo el efervescente movimiento estudiantil en una gran manifestación que puso tras las cuerdas al bipartidismo y a sus enemigos de clase.

Hasta ése año los impactos de la Guerra Fría y la instalación de la Doctrina de Seguridad Nacional ya había asesinado y desaparecido cientos de dirigentes populares. Cristóbal murió en manos de quienes ahora se llena la boca con discursos de paz, su memoria es inspiración para que el naciente movimiento popular no desista de la tarea de luchar por la instauración del socialismo en Honduras y América Latina.

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