Huérfanos por la pandemia enfrentan desafío de volver a clases en México

Veracruz, México.

A pocos días del reinicio de clases en México, Andrea Montero, madre de tres niños sacudidos por la súbita muerte de su padre a causa del covid-19, está decidida: sus hijos no acudirán presencialmente a cursos.

«Si no salen a fiestas o a las plazas (comerciales), no los voy a exponer en llevarlos», afirma Montero, preocupada y dolida por la pérdida de su esposo César Fernández, trabajador petrolero de apenas 38 años, en junio de 2020.

Los hijos de Montero, de 33 años y residente de Veracruz (este), son parte de los 131.

325 menores que según la revista británica The Lancet perdieron a su madre, padre o a ambos por la pandemia en México, la cifra más alta entre 21 países analizados de marzo de 2020 hasta abril de 2021.

Puede leer: EEUU reporta una explosión fuera del aeropuerto de Kabul El número ascendería a más de 200.

000 si se considera a otros cuidadores como los abuelos, estimó el estudio.

En términos relativos, es el tercer país con mayor número de menores en orfandad por el coronavirus por cada 1.

000 habitantes, con 3,5.

Lo superan Perú, con 10,2, y Sudáfrica, con 5,1, según The Lancet.

El duelo sumado al miedo hacen del retorno a clases un desafío para familias como los Fernández Montero, pese al enfático llamado del presidente Andrés Manuel López Obrador para regresar a las aulas este 30 de agosto «llueva, truene o relampaguee».

El mandatario alega que la prolongada ausencia -que empezó en marzo de 2020- ha afectado a los niños física, psicológica y emocionalmente, lo que hace preferible el retorno aunque la pandemia no cede.

Según estadísticas gubernamentales, la probabilidad de que un menor de 18 enferme gravemente de covid-19 es de 0,004%.

«Papá viven en la luna».

Dos meses antes del deceso de su padre, Paola, la hija mayor de 12 años, recibió como regalo un violín que ahora sirve como refugio ante su ausencia, y que aprendió a tocar primero por tutoriales de YouTube y luego en una academia.

«Ella fue llevando su duelo diferente, se enfocó en tocar su instrumento musical más de lleno, y logró avanzar por mucho», relata Montero.

La necesidad económica obliga a la madre a repartir tiempo entre su empleo y el cuidado de sus otros hijos, César, de cinco años, y Cédric, de dos.

«Cédric dice que su papá vive en la luna.

Un día que hubo cuarto menguante, el niño lloró porque decía que la luna estaba rota», recuerda.

Un drama similar vivieron los tres hijos de Raúl Castillo, empleado público en Estado de México (centro), fallecido en enero, con 45 años.

Cynthia, Uriel y Julio, de 12, 14 y 20 años, respectivamente, nunca supieron que su papá era diabético pues el hombre decidió ocultárselos.

«La pandemia lo vino a acabar porque él ya estaba mal», cuenta entre lágrimas María Elena Jiménez, su viuda.

Depresión y ansiedad.

El impacto psicológico resulta a veces más devastador que el económico.

Montero percibió indolencia en los profesores de Paola y César tras el fallecimiento del padre, por lo que decidió que lleven clases virtuales aparte.

«¿Cómo le pides a una niña que te cuente cómo ha sido la pandemia para ella cuando sabes que su papá murió?», cuestiona.

Además: Gabinete de castillo busca crucial voto de confianza en el Congreso peruanoFernando Ruiz, profesor de escuela pública del Estado de México, recuerda la depresión de algunos alumnos que quedaron huérfanos por el covid-19.

Sus familias decían que «sus hábitos se fueron perdiendo, algunos ni siquiera querían ver programas de televisión y pasaban el día entero en pijama», cuenta Ruiz, de 31 años.

La distancia de sus compañeros también ha lastimado a los menores.

El cierre de aulas ha afectado a unos 37 millones de estudiantes de México desde hace 17 meses, según Unicef.

Es la nación latinoamericana donde los menores han permanecido más tiempo sin escuela, añade.

«Hay niños y niñas que han sufrido alguna pérdida, pero también aquellos que han tenido un año excepcional, de confinamiento con ansiedad, miedos y preocupaciones», asegura Astrid Hollander, jefa del programa de educación de Unicef México.

El país de 126 millones de habitantes tiene la cuarta cifra más alta de muertes por covid-19 en el mundo en números absolutos, con unos 255.

000 decesos, detrás de Estados Unidos, Brasil e India.

«Mi hija dice que le da nervios ahora que su papá no está, pero le digo que tenemos que seguir», cuenta Jiménez, esperanzada en que volver a clases ayudará anímicamente a sus hijos.

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